Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

DEMÓCRITO: SOBRE LOS DIOSES

FRAGMENTOS Y TESTIMONIOS

Nº 180 No se puede razonablemente negligir la opinión de Demócrito, que llamando a los daimones simulacros, dice que el aire está lleno de ellos.

Hermipo (Juan Catrarés), Astronomía, I, 16, 122 [DK 68 A 78]

Nº 181 Jenócrates de Calcedonia nutría la esperanza de que incluso los seres privados de razón poseen la noción de Dios, y que Demócrito se vería obligado, pese a él mismo, de ser de su misma opinión en consecuencia con sus doctrinas. Fue él, en efecto, quien imaginó los simulacros que, de la substancia divina, llegan al hombre y a los seres dotados de razón

Clemente de Alejandría, Stromates, V, 88 [DK 68 A 79]

Nº 182. ¿No iba errado Demócrito cuando contaba entre el número de los dioses a los simulacros y su decurso [circumitus], la naturaleza cuya base los forma y que nos los envía, así como nuestro conocimiento y nuestra inteligencia? Y cuando, tras de esto, afirma que nada es eterno, puesto que nada permanece siempre en el mismo estado; ¿no niega totalmente la existencia de los dioses, de manera que ninguna opinión que a ellos se refiera queda en pie?  (…)

Demócrito también, ese gran hombre por excelencia, a cuyas fuentes acudió Epicuro para regar sus pequeños jardines, no parece tener una opinión bien formada sobre la naturaleza de los dioses. Mientras que por una parte afirma que el universo está poblado por simulacros que tienen el carácter de la divinidad, sostiene, por otra parte, que los principios de la inteligencia que se encuentran en el universo son dioses, que existen simulacros animados que pueden sernos útiles o perjudiciales, que los hay, en fin, que son de un tamaño inmenso, que abrazan por demás todo el universo. Todas esas afirmaciones son, a decir verdad, más dignas de la patria de Demócrito, que del propio Demócrito*

[*En la Antigüedad los habitantes de Abdera parecen haber tenido fama de poco inteligentes]

Cicerón, De la naturaleza de los dioses, I, 12, 29; I, 43, 120 [DK 68 A 74]

Nº 183 Demócrito sostiene que ciertos simulacros, entre los cuales algunos son benéficos y otros maleficientes, entran en contacto con los hombres y desea en consecuencia encontrarlos propicios. Son grandes y extraordinarios, resisten mucho tiempo a la muerte, pero no son inmortales y anuncian el porvenir a los humanos haciéndose visibles y emitiendo sonidos. De ahí viene que los hombres de otros tiempos, percibiendo fortuitamente su aparición, supusieron que Dios existe, siendo así que no existe, fuera de ellos, ningún otro Dios que goce de una naturaleza inmortal.

Sexto Empírico, Contra los matemáticos, IX, 19 [DK 68 B 166]

Nº 184 Demócrito creía que existen principalmente dos divinidades: la Pena y la Recompensa.

Plinio el Viejo, Historia natural, II, 14 [DK 68 A 76]

Nº 185 Demócrito dice que Dios es una inteligencia bajo la forma de un globo de fuego.

Aecio, I, 7, 16 [DK 68 A 74]

Nº 186 Demócrito supone que los dioses se formaron al mismo tiempo que el fuego celeste, al que, según Zenón, se parecen por su naturaleza.

Tertuliano, A las naciones, II, 2 [DK 68 A 75]

Nº 187 Los hay que suponen que como consecuencia de una serie de cosas sorprendentes que se produjeron en el universo llegamos a concebir la existencia de dioses, y Demócrito parece ser de tal parecer. Pues dice que los humanos de otros tiempos, viendo los fenómenos que se producían en las regiones superiores, tales como los truenos y los relámpagos, el rayo y los cometas, los eclipses de sol y de luna, se espantaron y creyeron que la causa de todo ello eran los dioses*.

[*Compárese con Lucrecio, V,1188 y siguientes]

Sexto Empírico, Contra los matemáticos, IX, 24 [DK 68 A 75]

 

Nº 188 Ciertos personajes doctos levantan sus manos hacia el lugar donde nosotros, Helenos, afirmamos que se encuentra el aire y dicen Zeus delibera acerca de todo consigo mismo, todo lo sabe, lo da y lo toma y es el rey de todo el Universo.

Clemente de Alejandría, Protréptico, 68; Stromates, V. 103 [DK 68 B 30]

 

Nº 189 Demócrito de Abdera, hijo de Damasipo, afirmaba que el universo es infinito y que flota en el vacío. Sostiene además que un único objetivo debe sostenerse ante todo: la alegría del alma [la buena disposición del ánimo, la tranquilidad; en griego “eutimia”] que es el bien supremo, mientras que los dolores son indicaciones del mal. Lo que parece justo no lo es en absoluto, y es injusto cuanto es contrario a la naturaleza. Las leyes son un mal invento, decía, y que “el sabio no debe someterse a las leyes, sino vivir libremente”.

San Epifanio, Contra las herejías, 2, 9 [DK 68 A 166]

 

Traducción de la edición francesa de textos de Demócrito: Démocrite: Fragments et témoignages. Les atomes, l’âme, le bonheur. Traducción de Maurice Solovine, revisión de la traducción, introducción y notas de Pierre- Marie Morel. Ed. Vrin, París 2020, pp. 161-164.

 

Uso escolar exclusivamente.

 

 

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay