Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

LA GENEALOGÍA DE LA MORAL (1887). Algunos temas básicos

CONTEXTO: Como indica el propio subtítulo de la obra fue escrita para «completar MÁS ALLÁ DEL BIÉN Y DEL MAL recientemente publicado». Nietzsche había esbozado el proyecto de una «historia universal de la moral», única manera de pensar la moral como «problema». LA GENEALOGÍA DE LA MORAL le ofrece la posibilidad de pensar la moral como «problema», de construir en detalle esa «historia natural», necesaria para plantear la cuestión del «valor» de los valores morales.

TESIS CENTRAL: La historia de nuestra cultura está marcada por el triunfo de los «ideales ascéticos», que se caracterizan por su resentimiento, por su hostilidad hacia la vida. Nietzsche reconstruye en el libro las razones de la paradójica victoria de la debilidad sobre la fuerza y de la enfermedad sobre la salud. Muestra, a la vez, la necesidad de oponerle «un ideal contrario» para salir del nihilismo.

ESTRUCTURA DE LA OBRA: A diferencia de textos anteriores, la GENEALOGÍA no está escrita a base de aforismos cortos e independientes, sino que la constituyen tres «Disertaciones». La primera lleva por título: «Bueno y malo, bueno y malvado», y estudia el concepto de ‘bueno’ desde la nobleza, no desde la ‘bondad’ resentida de los débiles, La segunda, «La culpa, la mala conciencia y lo que se le parece», es un estudio sobre la mala conciencia. La última, «¿Cuál es el sentido de todo ideal ascético?», aunque más general, plantea el tema del ‘ascetismo’, la filosofía de la vida que propugna como ideales morales la abstinencia y el sacrificio.

ALGUNOS TEMAS PRINCIPALES:

Los dos orígenes de los valores: Nietzsche desvela dos orígenes de los valores morales que se corresponden con dos «tipos» psicológicos. La «moral aristocrática» corresponde a la pura y simple afirmación de si mismo, de la propia capacidad de potencia. En ella el concepto de «bueno» no designa otra cosa que la expresión espontánea de su naturaleza instintiva. El valor contrario a lo bueno no es lo «malo», sino lo «perjudicial», lo débil y enfrentado a la vida. La «moral de esclavo» se construye, en cambio, como reacción contra la fuerza vital. Surge de los más débiles, que no sienten más que resentimiento ante la vida. Los resentidos se siente ellos mismos como «buenos» por ser, simplemente, débiles y denominan «malos» a quienes han triunfado. Su victoria consiste en llegar a transformar en mérito moral lo que no es otra cosa que debilidad o incapacidad constitutiva.

El papel del «sacerdote»: Lo paradójico en la historia de la moral es que ha conducido a la victoria más plena y total de «la moral de esclavo». ¿Cómo se logró que los valores «aristocráticos» hayan desaparecido cuando, precisamente, surgieron de la fuerza? Sólo el papel jugado por el «sacerdote» permite entender esta situación absurda desde el punto de vista de la vida. El sacerdote se pone a la cabeza de las naturalezas más débiles para aprovecharse de ellas, manipulándoles en aras de su propia «voluntad de poder» para triunfar sobre los «aristócratas». Es él quien hace que los corderos crean que las aves de presa son malvadas, y propaga el resentimiento hasta el punto de contaminar también a los más fuertes. El sacerdote propaga el impulso ascético como una pasión destructiva y se aprovecha de él.

La génesis de la (mala) conciencia: La génesis de la conciencia y del sentimiento de culpabilidad es el medio esencial de esa contaminación. La conciencia nace de una «introyección» de los instintos del hombre. Los instintos morales se vuelven contra la vida y contra el hombre mismo. Eso hace del hombre un «animal enfermo», que sufre por la vida y que tiene necesidad de la religión para dar sentido a ese sufrimiento. Nietzsche subraya, sin embargo, que la aparición de la conciencia es lo que ha hecho del hombre «un ser interesante, lleno de promesas». La conciencia es una herramienta de «envenenamiento» de la vida, pero sólo mediante ella el hombre «profundiza en sí mismo» y se convierte en algo distinto a un animal entre otros.

 

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay