Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

Un POEMA COMENTADO

¡SOLO LOCO, SOLO POETA!

Traducción de Txaro Santoro i Virginia Careaga

(FRAGMENTOS)

 

Cuando la luz se va desvaneciendo,

cuando ya el consuelo del rocío

se filtra en la tierra,

Invisible, inaudible,

-pues delicado calzado lleva

el consolador rocío, como todo dulce consuelo–

entonces recuerdas, recuerdas tu, ardiente corazón

cuán sediento estuviste

de celestiales lágrimas y gotas de rocío,

abrasado, cansado, sediento,

mientras en sendas de amarilla hierba

malignas miradas del sol crepuscular

por entre negros árboles en torno a ti corrían,

deslumbrantes, malintencionadas, abrasadoras miradas del sol.

Atención al tiempo en que sucederá la transvaloración: “crepúsculo”, que toma un significado emocional; tiempo del sentimiento, del “consuelo” y de la “memoria”: el tiempo de la transvaloración es un tiempo psicológico.

 

“¿Tu el pretendiente de la verdad?” –así se mofaban–.

“¡No! ¡Sólo un poeta!

un animal astuto, saqueador, rastrero,

que ha de mentir, que premeditadamente, intencionadamente,

ha de mentir,

multicolor larvado,

larva él mismo,

presa él mismo,

¿es eso el pretendiente de la verdad? ...

La verdad no es un concepto, sino la mentira que ya no reconocemos como tal.

 

¡Sólo loco! ¡Sólo poeta!

Sólo un multicolor parloteo,

multicolor parloteo de larvas de loco,

trepando por mendaces puentes de palabras,

sobre un arcoiris de mentiras

entre falsos cielos

deslizándose y divagando.

¡Sólo loco! ¡Sólo poeta!

El lenguaje es la expresión del poder, no de la verdad. Por eso la comprensión del lenguaje (“cárcel” para Nietzsche) es la comprensión del poder. El hombre superior habla, tal vez, para no ser comprendido.

¿Es eso el pretendiente de la verdad?...

No inmóvil, rígido, liso, frío.

convertido en estatua,

pilar de dios;

No erigido ante templos,

Atalaya de dios:

¡no! Hostil eres a tales modelos de virtud,

más recogido estás en el desierto que en los templos,

Comienza la contraposición entre la virtud nihilista (rígida, fría) y la nueva idea de virtud que Nietzsche propone, vinculada a la vida.

 

audaz como los gatos

saltas por todas las ventanas

¡husch! y en toda ocasión,

husmeas toda selva virgen,

tu que por entre selvas vírgenes

entre fieras de coloreados pelajes

pecadoramente sano, bello y multicolor corrías,

con lascivos belfos,

feliz con el escarnio, feliz en el infierno, feliz y sanguinario

ladrón, furtivo, mentiroso, corrías...

La contraposición a la virtud fría es el individuo dionísiaco (“feliz en el infierno”) que se ha liberado de la moral (kantiana – nihilista) Dionisio vence al Crucificado, por decirlo en una terminología que Nietzsche usó al final de sus días.

O semejante al águila

que fija su mirada largo tiempo en los abismos,

en sus abismos...

-¡oh, girar como ella

hacia abajo, hacia el fondo, hacia adentro,

hacia cada vez más profundas profundidades! –

 

Y entonces

de repente,

vuelo vertical,

trazo precipitado,

caer sobre corderos,

hacia abajo, voraz,

ávido de corderos,

odiando rabiosamente

toda alma de cordero

todo lo que parezca

virtuoso, borreguil, de rizada lana,

necio, satisfecho con leche de oveja...

 

La contraposición se establece claramente entre el águila señorial (uno de los símbolos –animales amigos– del Zaratustra e imagen del Superhombre) y el cordero nihilista, símbolo de lo masivo, lo vulgar, lo antiaristocrático.

El águila necesariamente debe destruir al cordero, como lo superior a lo nihilista.

 

Tu que al hombre consideras

tanto dios como oveja –,

al dios desgarrar en el hombre

como a la oveja en el hombre

y desgarrando reir –

¡en esto consiste tu felicidad!

felicidad leopardina y aguileña,

felicidad de loco y de poeta”

El hombre en Nietzsche es algo que debe ser superado, como el imperativo del “tu has” kantiano” debe ceder ante el “yo quiero” de la voluntad de poder. En el hombre está la posibilidad de ser “dios” [sentido de la tierra que termina con el nihilismo de los antiguos dioses] o simple oveja. La felicidad se identifica con la voluntad de poder

 

 

 

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay