Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

VULNERABILIDAD: NO SOLO MUJERES, PERO MUCHAS MÁS MUJERES

Júlia TORRES

 “Vulnerabilidad” es una palabra que proviene del latín: vulnus significa “herida”, “llaga”, “tajo”, “golpe”, “daño” y eso precisamente es ser vulnerable. Sentirse profundamente herida, frágil y a merced de otros/as. Uno de los problemas centrales de la vulnerabilidad está centrado en la cuestión de género. Las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de sufrir un episodio depresivo mayor y sufren un desproporcionado mayor riesgo de ser asesinadas por sus parejas o exparejas. La vulnerabilidad se ve acentuada en el caso de las mujeres, y especialmente de las más jóvenes, por un legado histórico que perpetua la dominación, por prácticas culturales que la consolidan y, especialmente, por la tradición que identifica masculinidad con dominación y feminidad con sumisión.

 La vulnerabilidad, sin embargo, no es una experiencia unívoca. Aparte de ser insidiosa y destructiva, lo más significativo del caso es que tiene capas. Muchas y no siempre fáciles de diferenciar. Factores culturales, de edad o niveles económicos diversos determinan formas muy heterogéneas de vivirla y de sentirla. En la medida en que en una sociedad moderna todas somos interdependientes todas somos también vulnerables. Pero cada cual lo es a su manera. Y también se da una gran ambigüedad social en las respuestas a la vulnerabilidad – que muy pocas veces incluyen la necesaria empatía. Para ayudar a alguien en situación vulnerable es imprescindible entender que los aspectos subjetivos/emocionales pueden ser tan significativos como los de carácter material. Una pérdida (de los seres queridos o de cualquier otro tipo…) será vivida de formas tan distintas como se pueda imaginar según motivos temperamentales, sociales, culturales, etc.

     Lo que une a las diversas maneras de experimentar la vulnerabilidad es siempre la asimetría. Alguien se siente vulnerable cuando su situación de poder y su confianza emocional no le ofrecen ninguna seguridad ante los azares de la vida. “Verse pequeño”, “Ir como un barco a la deriva”, “sentir que no importo a nadie” y en el caso extremo sentir la proximidad de la muerte, nos convierte en seres dependientes y vulnerables. La asimetría es, además, acumulable, cuando se habla de cuestiones de vulnerabilidad. Ser mujer, pobre y gitana, por poner, un ejemplo, significa sumar, o multiplicar, dependencia y estigma sobre racismo y discriminación de género. Evidentemente hay muchas formas de dependencia y de vulnerabilidad  que van desde la vulnerabilidad1 situacional, contextual y salvable (haber perdido un empleo, por ejemplo) hasta formas patógenas (la vulnerabilidad por miedos exagerados, o la dependencia emocional), pasando por vulnerabilidades inherentes o intrínsecas (a la condición femenina en muchos países, por ejemplo, o a la pobreza radical). Sin embargo, que la forma de la vulnerabilidad sea emocional o económica parece ser, hasta cierto punto, algo secundario. Lo decisivo es disponer de habilidades e instrumentos para superar la situación. Hay gente tan pobre que solo tiene dinero y gente cuya principal fuerza reside en la convicción (política, religiosa, etc.) que le sustenta. En el caso de las mujeres una tradición cultural sexista determina muy profundamente la manera en que se responde a la vulnerabilidad.

     Brené Brown, una de las psicólogas norteamericanas que se consideran “gurús” en el estudio de la dependencia emocional y de la ansiedad, aunque sus libros tienden peligrosamente a la repetición de tópicos de autoayuda para mujeres blancas de mediana edad, habla de tres componentes de la vulnerabilidad: "incertidumbre, riesgo y exposición emocional" (El poder de ser vulnerable, 2012). Todos lindan claramente con el miedo. Y aunque la ansiedad por ser rechazada, avergonzada o juzgada se da mucho más en mujeres que en hombres —y todavía más en mujeres jóvenes con altas capacidades—, no es solo una característica de género.

Para ayudar a las mujeres y hombres que viven en situación de vulnerabilidad, seguramente lo más útil es entender que tiene mucho que ver con la violencia estructural. Abre el camino al abuso y es insidiosa y destructiva, también (y muy especialmente) a nivel emocional. Una persona en situación de vulnerabilidad fácilmente capta la realidad de una manera distorsionada porque se cree incapaz de ver cómo salir del laberinto donde se encuentra. Y ella misma se encuentra cada vez con mayores dificultades porque, Inconscientemente, los problemas se le multiplican; en la práctica cada vez que se muestra vulnerable está ofreciendo carnaza a los depredadores. Hay índices de vulnerabilidad basados en cálculo y econometría en diversos ámbitos que van de la medicina y el medio ambiente al riesgo de hundimiento o de las empresas; pero no los hay —o funcionan de una manera muy poco eficaz, poco predictiva—para estudiar la vulnerabilidad emocional. Ni siquiera es posible asegurar si actualmente su prevalencia es mayor o menor que en otras épocas. Al fin y al cabo, las damiselas románticas nunca fueron tan etéreas como quiere el tópico y las bolcheviques también se enamoraban. El movimiento feminista tiende a defender la sororidad como respuesta a la vulnerabilidad. La sororidad no solo incluye la idea de ayuda mutua por razón de género. También hace posible el atrevimiento y la autoafirmación como respuesta a la situación de dependencia y vulnerabilidad.

 

Bibliografía

Erinn Gilson; The Ethics of Vulnerability: A Feminist Analysis of Social Life and Practice.

Catriona Mackenzie, Wendy Rogers, Susan Dodds (Eds.); Vulnerability: New Essays in Ethics and Feminist Philosophy (Studies in Feminist Philosophy).

 

NOTES

1 Aunque ambos conceptos se interrelacionan, generalmente se distingue entre dependencia y vulnerabilidad considerando que la dependencia es una situación esporádica, que mal que bien puede ser superada, mientras la vulnerabilidad es mucho más estructural en la vida humana. No todas somos dependientes, por ejemplo, ante el dinero, pero todo el mundo es vulnerable al miedo o a la muerte.

 

 

 

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay