Filosofia i Pensament Ramon Alcoberro amb la col·laboració de Júlia Torres i Canela

Los Maestros de Pericles

Plutarco

Dime entonces en primer lugar, te lo suplico; pues tu según dicen [oh] Quirón educaste a Pericles.

Pericles fue también discípulo de Zenón de Elea, que se ocupaba de la naturaleza como Parménides y tenía una especial habilidad para refutar a sus adversarios que los reducía a la perplejidad mediante el absurdo, como por cierto afirma Timón de Fliunte con estos versos:

Y no es débil la gran fuerza del de doble lengua / Zenón, que a todos ataca.

En cierta ocasión, pese a que estuvo sufriendo las injurias y críticas de un hombre desvergonzado y disoluto, permaneció todo el día en silencio en el ágora resolviendo cierto asunto urgente: por la tarde se marchó con calma a su casa y aquel hombre lo siguió, lanzando contra él toda suerte de improperios. Cuando iba a entrar en su casa, como había oscurecido, ordenó a uno de sus criados que acompañara a aquel hombre con una antorcha y lo dejara en su domicilio.

El poeta Ión dice que el trato de Pericles era presuntuoso y algo vanidoso y que con sus jactancias se combinaba un gran desdén y desprecio por los demás; en cambio, elogia la elegancia, delicadeza y buenos modales de Cimón en los actos sociales. Pero dejemos a un lado a Ión que, como si de una interpretación trágica se tratara, pretende que la virtud tenga siempre una parte de drama satírico. En cuanto a los que llamaban a la seriedad de Pericles vanagloria y arrogancia, Zenón les invitaba también a que ellos fueran igual de vanidosos, pues el hecho mismo de fingir la rectitud produce, sin darnos cuenta, una cierta emulación y familiaridad con ella.

No sólo estos frutos sacó Pericles de su trato con Anaxágoras; también parece que estuvo por encima de la superstición que engendra el estupor ante los fenómenos celestes en quienes desconocen las causas de los mismos y a propósito de los asuntos divinos se ponen como locos  y se estremecen por esa ignorancia al respecto que la doctrina física elimina generando, en vez de la superstición terrible y enfermiza, la piedad firme y con buenas esperanzas.

Se dice que una vez le trajeron a Pericles del campo la cabeza de un carnero con un solo cuerno. Lampón, el adivino, al ver el cuerno fuerte y duro que nacía del centro de la testuz, dijo que de los dos partidos que había en la ciudad, el de Tucídides y el de Pericles, el poder recaería en uno solo, en aquel a quien se le ofrecía la señal. Anaxágoras, por su parte, partió en dos el cráneo, mostró que los sesos no habían llenado la base, sino que en punta como un huevo se deslizaban desde toda la cavidad por aquel lugar donde tenía su origen la raíz del cuerno. Entonces fue admirado Anaxágoras, pero poco después Lampón, cuando fue derribado Tucídides y sin excepción todos los asuntos del pueblo quedaron ya bajo el control de Pericles.

Nada impide que acertaran tanto el físico como el adivino; pues comprendió adecuadamente el uno la causa y el otro el fin. En efecto, sucede que aquél observó de donde había nacido y cómo se había desarrollado y éste predijo para qué había ocurrido y qué significaba. En cambio, los que afirman que la investigación de la causa elimina la señal, no advierten que junto con los divinos se desechan también los signos artificiales, ruidos de discos, luces de antorchas y sombras de los relojes de sol, siendo así que cada uno de estos objetos se ha fabricado con una causa y estructura determinada, para ser señal de algo. Ahora bien, esto es sin duda materia de otro tratado.

 

1 Damon era un pitagórico, miembro del círculo del sofista Pródico y consejero de Pericles. Fue él quien le aconsejó pagar a los ciudadanos por asistir a las deliberaciones del Consejo. Fue ostracizado (exilado de la ciudad) entre 450 y 440. Diógenes Laercio (II, 19) considera a Sócrates discípulo suyo. Platón se refiere a él como todavía vivo en 410. (Rep. 400b.c). El pitagorismo era una teoría basada en la idea de proporción que desde la matemática se extendía a toda la realidad. No puede sorprender, pues, que esa visión del equilibrio y la harmonía interesase también a un político.

2 Pitagórico del que habla Platón en Protágoras, 316e.

3 Anaxágoras (aprox. 495-445), discípulo de Parménides, negó la posibilidad del movimiento en aporías como la de la flecha que no avanza y la de Aquiles y la tortuga.

4 “Entendimiento”, por su visión racionista de la realidad.

5 Referencia a Platón que dice (Fedro, 270a) que las artes requieren sutileza y estudio de los fenómenos celestes y que Pericles añadió estas cualidades a sus dotes propias por su amistad con Anaxágoras (“disertaba casi siempre con Anaxágoras y de allí sacó para la retórica lo que convenía a este arte”).

 

Plutarco; Vidas Paralelas, Pericles. Traducción de Aurelio Pérez Jiménez. Madrid, Ed. Gredos, 1996.

 

 

© Ramon Alcoberro Pericay